
Me gradué como profesor de matemática en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones (IPN) e inicié mi carrera magisterial como profesor de matemática en el Colegio Nacional de Varones Lima; por lo tanto, tengo formación pedagogina guardando a la vez inmenso cariño al Colegio Lima, que funcionaba en el jirón García Naranjo de la Victoria, donde conocí a grandes maestros que trabajaban allí, como Juan Manuel Urbina que en paz descanse, Marceliano Aliaga, Francisco Polo, Temoche, Luis Herrera, Jorge Portilla, y muchos otros buenos maestros.
En el año 1975 recibo una noticia triste y emocionante a la vez. Triste, porque cerraban definitivamente al IPN y emocionante porque trasladan al colegio Lima a sus instalaciones en la avenida México. Efectivamente, mi emoción se debía porque regresaba a las aulas de mi alma mater el IPN donde me formé para dedicar mi vida a la enseñanza de la matemática a las futuras generaciones de nuestro país, como hasta ahora lo sigo haciendo tanto a nivel secundario como a nivel universitario.
A partir de entonces se inicia la transición de nuestro glorioso César Vallejo donde no faltaron problemas para la ansiada unificación de los dos centros educativos que ocupaban el local actual. Resulta que el IPN que formaba maestros, tuvo siempre su colegio de aplicación donde los futuros profesores hacíamos nuestra práctica docente; y por cierto que era un colegio de aplicación de primera categoría. Allí realicé mis primeras clases bajo la atenta mirada de mi profesor de práctica docente. Cerraron al Instituto Pedagógico, pero su colegio de Aplicación siguió funcionando normalmente en el turno mañana. A nosotros los del colegio Lima nos pasaron al turno tarde. Es verdad que el nacimiento del Vallejo no fue tan sencillo; hubo conflictos permanentes entre ambos turnos que dicho sea de paso no sólo entre alumnos sino también entre algunos profesores. Para mí era penoso estos problemas porque el IPN fue mi alma mater y el colegio Lima era el colegio donde inicié mi carrera docente. Y cuando se hablaba de unificar a la Institución bajo un solo nombre, cada turno se sentía con el derecho de que el nuevo colegio lleve su nombre; por supuesto que así no hubiera funcionado la unificación. Luego de tres años de constante incertidumbre salió la resolución de la creación del Flamante colegio nacional César Vallejo, un 4 ó 5 de mayo de 1978. Los problemas no cesaron de inmediato; sin embargo, con el pasar de los años las nuevas generaciones fueron aceptando poco a poco al “César Vallejo” como su único colegio, guardando para siempre en nuestros corazones al colegio de aplicación del IPN y al colegio nacional de varones “Lima”
Hoy, con la experiencia y madurez de todos los ex alumnos y ex profesores, finalmente hablamos de una sola familia, de una sola Institución educativa y es nuestro querido “César Vallejo”. El colegio de aplicación del IPN y el colegio de varones Lima, representan y representarán por siempre los cimientos de la Institución Educativa Emblemática “César Vallejo”
Una vez creado el César Vallejo, comenzamos a pensar en su insignia y su himno. La insignia ganadora luego de un concurso público resultó ser el diseño presentado por el profesor Raúl Arana y para el himno se nombra una comisión para convocar a un concurso. Tuve el honor de conformar esa comisión juntamente con el profesor Juan Manuel Urbina Benítez. Decidimos hacer la convocatoria a nivel nacional, publicitando en diarios y radios de esa época. Como jurados, invitamos a los representantes de la Asociación Peruana de Autores y Compositores (APDAYC), quienes en una reñida competencia declararon ganador a la composición del profesor Jorge Portilla Gallardo.
Tengo el orgullo de haber interpretado esa hermosa melodía y las impresionantes letras por primera vez en el 5to aniversario del Colegio César Vallejo con el acompañamiento de la banda de músicos de la Fuerza Aérea del Perú y bajo la dirección del autor del himno, el profesor Jorge Portilla Gallardo. Queridos amigos, ya lo saben: el autor del himno es el profesor Jorge Portilla y quien lo interpretó por primera vez y luego lo grabó es el profesor Edgar Castillo, autor de esta nota para recordar.
En el año 1992, con mucha tristeza tuve que alejarme definitivamente de las aulas del Vallejo. Pensé entonces dejarle un regalo; mejor dicho, completar un regalo porque ya le había dejado parte de mi vida (25 años). Entonces me propuse grabar su himno iniciando una serie de gestiones para conseguir la participación de la Banda de músicos de la Fuerza Aérea del Perú. Lo logré con la ayuda del mismo profesor Jorge Portilla. Invertí todos mis ahorros de aquel entonces para solventar los gastos de la grabación y conseguí llevar a 42 músicos de la Fuerza Aérea del Perú a la sala de grabación del Ingeniero Avalos en Miraflores, luego contraté los servicios de un diseñador de arte para las etiquetas y pude culminar con éxito la grabación en un casete. Ese fue el regalo de despedida a mi querido colegio. Posteriormente con el avance de la tecnología me permitió volver a grabar el himno en un CD. Con una portada que incluye la foto de la primera entonación del Himno en una ceremonia de aniversario y en letras grades dice: “LE CANTO AL COLEGIO VALLEJO…MI QUERIDO VALLEJO”
Espero haberlos actualizado y sacado de muchas dudas con este pequeño relato que es parte de la historia del colegio donde muchos niños y adolescentes se forman y se han formado mostrando hoy su cariño y gratitud.
Finalmente, les recuerdo que mientras el profesor Edgar Castillo viva, aceptaré gustoso interpretar nuestro himno en cualquier ceremonia sea de reencuentro o de aniversario. Y cuando el profesor Castillo haya partido al más allá, les dejo mi disco que junto a otras composiciones pude grabar con esfuerzo y amor para que mi voz siga gritando a todos los vientos ADELANTE EL CÉSAR VALLEJO….SIEMPRE ARRIBA ESTARÁ…